jueves, 18 de diciembre de 2014

ESPASMOS DEL LLANTO


También conocidos como espasmos del sollozo, son el terror de los padres de un 5% de los niños que tienen entre 15 meses y 7 años de edad. Se caracterizan por una detención involuntaria en la respiración durante el llanto, predecida por una espiración alargada y acompañada de palidez cutánea, hipotonía e incluso pérdidas de conocimiento transitorias y movimientos espasmódicos.
Estos episodios pueden aparecer de forma esporádica o recurrente, y no ponen en peligro la vida del niño, pues la respiración se reanuda de forma espontánea al cabo de unos segundos sin necesidad de realizar ninguna maniobra, y el niño se recupera rápidamente. No es así para los padres, a los que les supone una experiencia traumática de la que tardan más en recuperarse y que difícilmente olvidan. Por eso, vamos a ver cómo se debe actuar ante esta situación:

  • Lo más importante es mantener la calma, la vida del niño no corre peligro (pero si a ti te da un yuyu igual sí que tenemos problemas).
  • Asegúrate de que el niño está en un lugar seguro dónde no se vaya a hacer daño o caer.
  • No agites ni zarandees al niño.
  • No apliques maniobras de RCP, pues podrías causarle alguna lesión innecesaria y, repito, el niño recuperará la respiración en unos segundos.
  • En la mayoría de los casos, soplar una o varias veces sobre la frente del niño ayuda a cortar el episodio, así como aplicarle un paño frío en la misma.
  • Cuando la crisis haya finalizado, no le prestes demasiada atención, pues podrías estar reforzando los comportamientos que condujeron al evento.
  • Ignorar los espasmos del llanto en los que el niño no se desmaya también ayuda (parece cruel, pero es efectivo).
  • En caso de que sufra convulsiones durante más de un minuto o deje de respirar durante todo ese tiempo, no esperes a que se ponga cianótico, llama a los servicios de emergencias (aún así, esto solo sucede en una pequeña minoría de los casos).
Si estos episodios se repiten en el tiempo, sería conveniente llevar al niño al pediatra, pues se ha demostrado que pueden estar relacionados con un déficit de hierro, por lo que se le podría administrar un suplemento férrico.

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